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La Calle Baja

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Una casa vieja, resaltada por la débil luz de una farola, señala el camino que conduce a la calle Baja desde la calle Nueva. La esquina muy blanca obliga a mirar y, de inmediato, incita a entrar en ese recinto que parece de otra época.  A un lado la iluminación eléctrica invade el espacio, al otro, domina la oscuridad. La luz tenue de antiguas farolas adosadas a la pared, apenas alumbra más allá de la casa que las soporta.  La diferencia de luz que existe entre una y otra calle evoca cuentos antiguos cargados de misterio. Sucesos de otros tiempos que podrían revivirse sólo unos pasos más allá. Dentro de la calle sorprenden casas de solera junto a otras de factura más pobre. Oigo las campanadas del reloj de la iglesia de San Martín y me regocija ese sonido. Le añade misterio al momento, le añade belleza. Me gusta cruzar por allí y prefiero este camino a cualquier otro en muchas ocasiones, sobre todo cuando la luz apenas existe y el silencio es absoluto.   La calle que piso nunca fue co

De mi casa a mi casa.

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Balaca y Orejas Canseco, Ricardo. Casa Solariega. Museo Nacional del Prado. La industria turística ha impuesto la obligación de viajar, al menos, durante las vacaciones de verano. Como concesión al turismo, y con la disculpa del bien del pueblo o de la ciudad,  nuestras aceras y plazas se han invadido con grandes terrazas, música estridente acapara el espacio sonoro, los museos se encuentran abarrotados, los espacios de uso público privatizados, y los habituales lugares de paso ocupados hasta arriba por viajeros ocasionales. Viajar en vacaciones lo ha impuesto el gran poder de la industria como un deber social que cumplir, bajo pena de ser, socialmente, censurado. Tanto es así, que la primera pregunta que se suele recibir en el primer saludo de un vecino o de un conocido o de un compañero de trabajo suele ser: ¿Dónde has estado? ¡Ay de ti si no te has ido a ninguna parte!  ¡Ay! Ipso facto  un rosario de preguntas encadenadas cae sobre tus oídos sin que te hayas ni percatado

Mujeres sin historia.

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Marquesa Casati, Giovanni Boldini, 1908 Si entendemos la historia  como "el conjunto de todos los hechos  ocurridos  en el pasado" las mujeres nunca hemos estado fuera de ese pasado. Si entendemos la historia como "la  narración  de los hechos ocurridos en el pasado", el punto de vista no sólo cambia, sino que los registros muestran realidades diferentes.  Cuando un acontecimiento posee mucha importancia social -una hazaña bélica, un descubrimiento científico- se dice: "pasará a la historia". Y pasa. Queda registrado para siempre. Es más, un hombre importante puede dar nombre a una época -por ejemplo: El siglo de Pericles-. Y las mujeres, ¿dónde están? ¿O es que, acaso, no están? La vida de las mujeres se desarrolla paralela y ligada a la vida de los hombres. Los modos de subsistencia, las formas de adaptación a un medio, la reproducción biológica y la cultural, el avance tecnológico... Nada existe en el mundo sin la aportación y sin el

Exposición de Diego Alberto Pardo Asunción

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Texto: Concha Reviriego Almohalla. Esta obra está bajo una  Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional .

Carta Abierta para Diego Alberto Pardo Asunción

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Esta obra está bajo una  Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional .

Redueña (Madrid)

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Fuente de Cibeles. Madrid.  https://es.wikipedia.org/wiki/Fuente_de_Cibeles Esta obra está bajo una  Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional .

Una poesía sin autor

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Joven y vieja alcahueta, Pietro Antonio Pazzi (grabador); Lorenzi Lorenzo (dibujante) Una mañana de invierno me encontraba ojeando ficheros. El lugar, tan noble como el edificio que lo alberga, conserva la totalidad de las publicaciones españolas y muchas otras de loable cuño y satisfactoria consulta. En esta tarea paso horas cuando la ocasión me lo permite y las ganas no me faltan. Dentro de un fichero antiguo, a primera vista vacío, una ficha amarillenta yacía, como soltada sin querer,  sobre la vieja madera; mis dedos sujetaron la ficha con decisión y mis ojos se clavaron en el escrito con interés.  Sorpresa fue el encuentro, fascinación fue su lectura atenta. Allí, escrito con letra de amanuense decimonónico, decía: Elogio de la alcahuetería. Dile vueltas y más vueltas, como si en lugar de una frase escrita en una tarjeta leyera un mamotreto.   Al cabo de unos minutos, sobre el pupitre que me asignaron se hallaban unos cuantos folios, sueltos pero bien ordenados. S