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La Calle Baja

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Una casa vieja, resaltada por la débil luz de una farola, señala el camino que conduce a la calle Baja desde la calle Nueva. La esquina muy blanca obliga a mirar y, de inmediato, incita a entrar en ese recinto que parece de otra época.  A un lado la iluminación eléctrica invade el espacio, al otro, domina la oscuridad. La luz tenue de antiguas farolas adosadas a la pared, apenas alumbra más allá de la casa que las soporta.  La diferencia de luz que existe entre una y otra calle evoca cuentos antiguos cargados de misterio. Sucesos de otros tiempos que podrían revivirse sólo unos pasos más allá. Dentro de la calle sorprenden casas de solera junto a otras de factura más pobre. Oigo las campanadas del reloj de la iglesia de San Martín y me regocija ese sonido. Le añade misterio al momento, le añade belleza. Me gusta cruzar por allí y prefiero este camino a cualquier otro en muchas ocasiones, sobre todo cuando la luz apenas existe y el silencio es absoluto.   La calle que piso nunca fue co

¿Enfermedad o Gracia Divina?

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Turistas en la Plaza Mayor de Madrid

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Desde hace un tiempo, la plaza Mayor de Madrid ya no es lo que era. Merced al turismo de masas,  se ha convertido en un lugar menos grato. A ciertas horas se parece a un recinto de uso exclusivo para turistas. Pasear, circular, comprar, o tomar un café en una de sus terrazas o de los bares acostumbrados, se ha convertido en algo propio de un tiempo que ya pasó.  En la actualidad el ambiente se ha sobrecargado de un aire folklórico-andaluz que me cansa. Me cansa y traslada a un recinto ferial improvisado, donde los maniquíes sin cabeza -destinados a que cada cual ponga la suya- vestidos de torero con capote, o  de volantes con castañuelas y guitarra, se ofrecen al público para la foto de recuerdo. En el suelo los visitantes comen,  duermen o montan su fiesta particular. Según el gusto y las apetencias, supongo.   Y yo añoro más que nunca aquellos años no tan lejanos cuando la plaza era un lugar de uso público, o sea, de todos los públicos: para los residentes en Madrid tamb

Un mesías español del siglo XX

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Esta obra está bajo una  Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional . Imagen: Monte de Elda/Petrel, "La silla del Cid"-  https://es.wikipedia.org/wiki/Petrel_(Alicante)#/media/File:Silla_del_Cid.jpg

Sobre el Oráculo de Delfos

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El Oráculo de Delfos. (pinturas y grabados) El oráculo de Delfos, sitio arqueológico y Patrimonio de la humanidad, no ha podido pasar inadvertido a ningún curioso viajero y menos aún a ningún investigador serio. El saber, el conocer el terreno, le da al humano la capacidad de actuar y de seleccionar ese sitio y no otro para su actividad, en este caso religiosa, de contacto con la divinidad, con el mundo superior. Ahí si situó a la pitonisa. Ahí se encontró el lugar apropiado donde el ónfalos , el ombligo, el centro del mundo debería estar a criterio humano. Porque es decisión humana que haya mundos divinos y no divinos, y que cada uno ocupe su lugar. Y un punto donde puedan comunicarse los unos con los otros. Donde la potencia y la impotencia, el saber y la ignorancia, se encuentren.  En este punto de la antigua Grecia, quiere la tierra emanar gases que provocan el trance. Tal fue el sitio elegido por Apolo para hablar a las personas que allí acudían, a través de una pi

Las Hadas

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Sophie Anderson, (1823-1903) Esta obra está bajo una  Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional .

El Círculo: Biar y Petrel

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En Petrel y en Biar vivían y trabajaban Paco Martín Donat, y Lola Álvarez Egea, más conocidos como: Paco y Lola, curanderos. Ejercían en estos municipios como sus lugares de origen y de residencia, como puntos fijos en el planeta en el que ellos nacieron, vivieron y trajaro. En ellos, sobre todo en Petrel, curaban a los enfermos que requerían sus servicios. Especialmente en Petrel. Desde aquí y a  través de las rutas que ellos mismos trazaban, recorrieron los pueblos de España que mejor les parecieron. Paco y Lola, curanderos de la Naturaleza, como les gustaba llamarse, curaban en su casa de Petrel/ Petrer (Alicante), en su granja de Biar (Alicante) y por varios pueblos españoles de otras Comunidades Autónomas, o sea, de forma ambulante.  Viajaban hasta el municipio en el que hubiera personas que les seguían y creían en ellos. Sí, en ellos. En su capacidad para curar la dolencia que les aquejaba. Sus viajes, programados, podríamos decir que con agenda, se sucedieron en aquella d