Cosas de mí

miércoles, 18 de enero de 2017

Las Cruces De Piedra De Redueña


Salimos de Madrid por la carretera de Burgos, tomamos el desvío hacia Torrelaguna y, pasados unos cinco kilómetros, a la izquierda, parte la carretera de Redueña.
Está el municipio emplazado en una hondonada del terreno, dicen los vecinos de Torrelaguna que, hace años,  "no se veía el pueblo al pasar; por eso les llaman cigüeños. Porque estaban ahí como metidos en un hoyo, como en un nido...". Otros dicen que el  nombre les viene de cigüeña, porque hay muchas cigüeñas. Sí, sí, había muchas, ahora no vienen tantas... El nido sin embargo está preparado y restaurado, en la también restaurada torre de la iglesia. 

 Con el calor del verano apetece desviarse por esas pequeñas carreteras, adentrarse en la sierra y olvidar el mundanal ruido por unas horas al menos. De camino vemos ese campo pedregoso, verde entre las piedras y a pesar de ellas. Por algo es  famosa la piedra de Redueña. De este enclave salió el material con el que se fabricó la fuente de la Cibeles de Madrid. Repostar bajo la sombra de los árboles es una delicia y, cuando cae la tarde y aminora el calor, delicioso es también pasear por el pueblo y por sus alrededores.

Así es como sin pretenderlo,  el viajero encuentra nuevos lugares, nuevas rutas, nuevas gentes. Para el coche y se deja llevar por los pies que van, solos,  atraídos por el paisaje. El pueblo es pequeño. Está cruzado por una larga vía de norte a sur.  Varios tramos en cuesta serpentean entre las casas nuevas o rehechas sobre las antiguas viviendas. Cada parte del camino recibe un nombre diferente. Cada parte tiene grabada en las memorias un uso urbano distinto. Cada parte ha recibido un nombre en tiempos remotos y se ha mantenido hasta hoy.  El pueblo se recorre a lo largo y a lo ancho y de tanto en tanto se encuentra el visitante con hitos de hierro, modernos, que sirven de soporte a fotografías antiguas y textos explicativos de lo que fue el  mismo sitio en otros tiempos.


Fragmento del hito y cartel explicativo de la historia de las "cruces góticas" en Redueña

Poco a poco, el paseo se convierte en visita "guiada", si así se desea. Gusta subir al monte campo a través o por alguna ruta ya trazada, se disfruta al localizar los puntos de interés señalados y que el ambiente invita a conocer.

En la calle Mayor se ubican varios de los postes indicados en el panel que se encuentra en la plaza del  pueblo. Están marcados hasta diez puntos de interés. Así nos enteramos de dónde estuvo situado el antiguo lavadero público, dónde el potro de herrar, las antigua eras, las escuelas... En fin,  la arquitectura, el urbanismo, y hasta el mismo aire, nos hablan. Lo que vemos y lo que nos cuentan en esos hitos férreos que parecen un libro abierto, nos da la impresión de estar ante un museo al aire libre.  
 

  Así conocí este pueblo renovado hasta más allá de sus propios límites. Tan solo quedan algunas casas antiguas y se mantienen los antiguos trazados urbanos. Viviendas de nueva planta apenas sin estrenar, otras antiguas rehabilitadas se adaptan a la moda actual y a los usos  recientes. Viviendas levantadas sobre el solar  de otra derribada, nuevos oficios, nuevas costumbres y afán por recuperar otras ya desparecidas o a punto de ser olvidadas.  Se ha mantenido en uso de las antiguas cuevas construidas antaño bajo las casas; su uso no ha desaparecido y conserva la utilidad que siempre tuvo: almacenar y conservar alimentos; y,  por supuesto, el vino; como no podía ser menos en esta tierra de viñedos donde se venera desde la antigüedad a la Virgen de la Viñas. 
 
El recorrido resulta  muy instructivo. Aprendo, me intereso más y pregunto cuando aparece alguien con quien pegar hebra, que no es fácil; no por el habla, sino porque no hay nadie. Es verano y pocos perdonan no salir de vacaciones.    

Entre tanto paseo y tanta ilustración en aquella primera visita a Redueña,  fueron sus cruces de piedra lo que más me atrajo. La tentación de registrarlas no la evité. Quería tenerlas, estudiarlas, enseñarlas... Así es que, sin más, me puse a dibujar un boceto de la primera que vi y a fotografiar lo que pude.
Mientras dibujaba me convencía más de lo interesante de éstas. Como antropóloga y curiosa imagino cómo sería la vida aquí en otro tiempo. Cómo sería hace, por ejemplo, un siglo; cuando el lavadero que ya no existe se llenara de mujeres lavando la ropa, yendo y viniendo por esas calles; cuando el potro de herrar estaba viejo y sucio de tanto uso; cuando los animales y las personas eran los únicos que circulaban por las calles; cuando estas cruces "góticas" que me gustan eran las que ocupaban la vía sacra, el camino señalado con cruces en cada estación , para indicar dónde se debía rezar y conmemorar la Pasión de Cristo en Semana Santa. El Vía Crucis se componía, completo, de catorce estaciones. Así es que en Redueña faltan unas cuantas. Como bien dice el cartel de la calle Mayor, "se conservan tres".

 
De las cruces, Cruces Góticas,  según el cartel que lo explica al público. Se conservan tres: Cruz de la calle Mayor, Cruz de la Iglesia, Cruz del Cementerio. Se habla de viva voz, no lo pone en ningún cartel que yo haya visto,  también de una cuarta cruz, que estuvo situada detrás de la Iglesia y de la que no queda más testimonio que la memoria de algún vecino de edad ya avanzada. Estas tres son las que fotografié con la idea de escribir unas líneas sobre el tema. Pero ¿cómo no entrar en el camposanto y ver sus cruces, góticas o no? Redueña es un pueblo donde se ha trabajado mucho la piedra y sentí el deseo de fotografiarlas y enseñarlas también.
 

Fotografías:
n.º 1:  Fragmento del hito y fotografía antigua de la cruz de la calle Mayor.
n.º 2 y n.º 3: Vistas de conjunto y de detalle de la cruz de la calle Mayor en su actual emplazamiento.
n.º 4:  Fachada principal de la iglesia.
n.º 5:  Conjunto del hito, cruz gótica de la iglesia y entrada principal.
n.º 6:  Cruz gótica de la iglesia.
n,º 7:  Cruz del cementerio: A la vista: cruz,capitel y parte del  fuste enclavado en el muro de piedra.
n.º 8:  Poste con leyenda explicativa de la cruz del cementerio. Detrás del hito, sobresale de la tapia
una pieza de piedra tallada que parece la basa de la columna que sostiene la cruz. Por encima de ésta se puede seguir con la vista una línea recta, vertical, que culmina en el fuste visto, quedaría oculto el tramo de la caña, confundido con la pared.
n.º 9 y n.º 10:  Hilera de cruces antiguas y fuera de uso. La mayor parte son de piedra labrada y con inscripciones.
n.º 11. Puerta del cementerio, con dos cruces, una de hierro y otra más antigua de piedra. Vista desde el interior del camposanto.



Madrid, 30 de agosto 2010