Cosas de mí

viernes, 6 de enero de 2017

De Toque A Toque



Se decía no hace mucho tiempo que la noche es de los lobos. Nada bueno se esperaba que pudiera ocurrir a esas horas. Especialmente, entre la medianoche y el alba.  
El anochecer y el amanecer se anunciaban a la población con toques de campanas. El primero, llamado toque de ánimas, exhortaba a las gentes a retirarse a sus casas. El segundo, conocido como toque del alba, anunciaba el amanecer y  comienzo de un nuevo día. 
Se podría decir que de toque a toque los vecinos debían guarecerse. El peligro acechaba fuera de sus hogares. Eran las horas de libertad para los diablos, las brujas y otros hacedores del mal. 
El toque de ánimas invitaba a las personas a rezar por ellas.
El toque solía ser el fondo que acompañaba al sereno, oficio desaparecido. El hombre -porque, que yo sepa, siempre era un hombre quien ejercía esa labor, decía en alto la hora y el tiempo que hacía: nublado, sereno, lloviendo o nevando.
De ese modo quedaba regulado el tiempo de descanso y el tiempo de trabajo.
Siguió el sereno cantando las horas y el tiempo con la intación a rezar por las ánimas,  hasta que su oficio, como otros tantos, desapareció.