Cosas de mí

lunes, 23 de enero de 2017

Paco y Lola,I. El Círculo


Paco y Lola, curanderos de la naturaleza, personas, animales y plantas. Paco (Francisco Martí Donat) me dijo con voz clara y segura durante una de las entrevistas que tuve con él en 1981: Yo, con una bendición, puedo separar el cloro del agua. Ten fe y te salvarás (...) Nosotros lo curamos todo. No hay nada a lo que se pueda decir: No. Es que, lo que no puede ser es que uno esté malo toda la vida y luego se quiera curar en un momento...eso no puede ser...
Máximas de este estilo salieron de su boca, durante la entrevista, casi tantas como frases pronunció en el transcurso de la misma. Su forma de hablar era tajante, impositiva, casi acusadora: ¿A ver, tú, por ejemplo, ¿cómo has venido hasta aquí' ¿has venido haciendo auto stop? ¿a que te hubiera gustado que te cogieran? ¿no? Pues eso es lo que hacemos nosotros. Ayudar. Ayudar todo lo que podemos.
A ver, tú ¿porqué llevas eso puesto? -pulsera, reloj, pendientes- Pues eso no hace falta. Yo con 15.000 pts. paso el año.

Llevaba Paco un reloj de pulsera, se lo señalé y le recordé lo que acababa de decirme. Me respondió: Porque a mi me hace falta, pero vamos... que, ...

Hablábamos sentados en un cuarto de la casa que se usaba como oficina. Allí, un hombre joven se ocupaba de atender el teléfono, organizar papeles, escribir a máquina...  Era miembro de la comunidad  de Paco y Lola. Lola entraba, me miraba, me volvía a mirar... La cara no la ponía muy simpática. Pero Paco estaba encantado. Además aprovechó la circunstancia para dirigirse a los fieles allí presentes con estas  palabras: Mirad cómo la prensa se ocupa de nosotros. Me lo dijeron -los santos o los espíritus buenos-, vendrán, hablarán de vosotros y el mundo entero os conocerá.
La Creación, Paco y Lola, El Círculo  o La Obra.  Como se llamaban y se daban a  conocer y se les conocía públicamente.
Las paredes estaban cubiertas por estanterías repletas de archivadores y el teléfono no paraba de sonar.
Paco contestaba a mis preguntas a la vez que  daba órdenes al oficinista y aclaraba dudas sobre qué día hacían el viaje al pueblo tal o al pueblo cual, o respondía a Lola que abría la puerta para preguntar cualquier
cosa, repetidas veces.
Otro día, cuando llegué a su casa era la hora de curar. Las personas formaban cola en el pasillo y en la calle. 

Casa de Petrel de Paco y Lola. En la puerta, personas esperan a ser atendidas.
Los recipientes que aparecen en la acera están llenos de agua para que Paco y Lola la bendigan.


Cuando Paco lo decía, entraban  en el cuarto de la casa destinado a este uso. Una habitación casi vacía en la que apenas había algún mueble y las sillas donde se sentaban Paco y Lola.
Paco, sentado, imponía las manos a unos pacientes, Lola hacía lo mismo, sentada en otra silla curaba a otros pacientes. Uno casi frente del otro, sin parar, atendían a hombres y mujeres, adultos, que se sucedían hasta terminar la larga cola de ese día.
Me dijeron que debía esperar, y así lo hice. Esperé. Mientras tanto, fotografiaba, hablaba con los pacientes y veía con mis propios ojos sus gestos, su dolor en muchos casos, sus penas y angustias grabadas en el alma...   oía sus quejas de la medicina que no cura y de la que sí cura,  de lo mal que les va la vida, de la fe en Paco y Lola, del agua bendecida por estos curanderos y temas similares.

 Los desplazamientos por la geografía española formaban parte de las actividades propias de la  comunidad. Se iba a predicar su verdad, su credo, se iba a curar, a extender La Obra. Para que la gente nos conozca, dijo Paco.
(...) Porque, mira, nosotros hemos curao.... Mira., aquí vino una mujer con cáncer, que no se curaba. El médico le había prohibido comer de esto,  tal... y aquí comió lo que quiso, comió hasta gazpacho, ¿tú sabes lo que es el gazpacho? (gazpacho manchego). Pues comió de todo lo que quiso (...) Se murió a los tres meses. Pero mientras vivió... 

-¿Curais la parálisis? Me respondió:
-La parálisis, cuando esa parálisis ya ha hecho asiento en el cuerpo no es fácil de curarla. Hay que tener en cuenta que cuando viene una parálisis es porque hay unos conductos del organismo, que, o bien no tienen circulación porque se han obstruido las venas o por lo que sea y entonces eso ya es muy difícil, cuando ya ha hecho asiento. Ahora, lo que hacemos es evitar que siga adelante la enfermedad y que se recupere, algo. Siempre se recuperan. Pero una parálisis que ya está en marcha, que ya se ha...
Esto es como un árbol que se le ha secao una rama, ¿eh?. Ahora, si el árbol tiene esa rama que tiene vida y no tiene... Ahí mismo había un almendro que estaba seco, pero había  un pelico a malas penas. Estaba casi seco, estaba terminándose de secar. Y yo un día fui, le hice la señal de la Cruz, le eché agua bendecida y el árbol está completamente vivo. Ha movio por tadas partes. Tenía un gramo de vida. Mientras hay un gramo de vida, hay un gramo de esperanza. Pero si hay una parte del cuerpo, que está muerta, eso ya no lo cura nadie. Ni yo ni nadie lo cura. Eso no se puede curar, porque está muerto. Y lo que está muerto...
-Cuando el alma se sale del cuerpo, o de una parte del cuerpo, ya no vuelve a entrar. Es muy difícil. Ahora, si una persona tiene una parálisis que le coges que la sangre todavía tiene alguna pequeña circulación...
  

 Los miembros del Círculo, como signo externo de pertenencia al grupo, usan un jersey de color blanco. Algunos lo llevan (el jersey) de otro color porque cuando vinieron ya lo traían hecho, pero el color es blanco.
Se diferencian de todos los demás y quieren decirlo y mostrarlo públicamente. No son clandestinos ni aspiran a serlo. Más bien, al contrario. Desean que se les conozca, que se les de publicidad.
El jersey diferenciador lleva bordado en el lado izquierdo, a modo de un escudo, su emblema: una cruz en tono rojizo y sobre los brazos los nombres de Lola--Paco.
Se refiere Paco a miembros del Círculo  que han venido para unirse a la Obra desde distintos puntos de la geografía española.
Debo decir que, cuando yo estuve y mantuve con ellos la entrevista a la que aludo hoy, los adeptos procedían del entorno alicantino donde se sitúa El Círculo y de Andalucía, antiguos jornaleros, según dijeron ellos mismos.
Emblema que se repite en sus automóviles  o en los depósitos de agua, como se puede ver en las fotografías. 
 



Uno de los días que visité a Paco y a Lola fui a la finca donde miembros de la comunidad recogían maíz.
Allí  pude  dialogar con ellos, previo consentimiento y autorización de Paco, y tomar algunas fotos. El día era maravilloso, una soleada mañana de sábado. Recuerdo el día porque los niños no habían ido al colegio, por  eso, por ser sábado.  
Terminada la labor en la tierra, la finca se quedó vacía. Ahora se van a la granja, aún queda mucho día por delante.  Son las 11h. de la mañana y el grupo se organiza. Se acomodan en los coches, tractores... y se ponen en marcha para continuar con sus tareas habituales en la granja.
Vista general de la granja, desde la carretera de Biar
Los vehículos, uno tras otro, forman una caravana, que avanza por el camino de tierra dejando tras de sí polvo y un silencio casi absoluto.
Los seguidores de Paco y Lola trabajaban duro y con muchas ganas; al menos, eso decían.
Estaban ilusionados con la idea de hacer un mundo nuevo. Un mundo en el que los hombres se amarían, no habría guerras. Un mundo en el que el odio se habría extinguido, los hijos de ellos -los miembros del Círculo- irían a la Universidad... Y todo eso lo esperaban conseguir guiados por Paco y Lola.

 NOTA: En el libro sobre Espiritismo y Medicina Popular en el Valle del Vinalopó, dedico algunas páginas al estudio de la comunidad de Paco y Lola, en Petrel y Biar.  Las fotografías están tomadas uno de los días que pude acceder a esta comunidad y hablar con ellos en 1981.