El matrimonio: una cárcel y una libertad

Cuando un hombre le entrega a una mujer las llaves de "su" casa, le entrega su hacienda. Pone en sus manos algo más que amor, amor pasión. 
Nuestra cultura une en una sola institución pasiónes humanas vinculadas con la sexualidad y con la reproducción, con la creación y la continuación de linajes, con la producción del sustento, con el nacimiento, con la vida y con la muerte. El matrimonio es tal institución.
Podemos observarlo en cualquiera de las costumbres -llamadas tradiconales y populares- que deseemos estudiar. En la indumentaria de los novios, en los ritos previos a la ceremonia "culmen"  -la del matrimonio, la boda, la que culmina una serie de ritos previos conducentes a ese momento preciso, a ese día. 

Se celebraba la "tornaboda", y, previamente, se había celebrado la "víspera de la boda". Tres días de boda era muy corriente celebrarlos. Sólo se exceptuaban casos "raros": O sea, ocultar el embarazo de la novia fuera del tiempo y el estado civil prescritos socialmente; o se evitaban grandes celebraciones por luto. La pobreza no era impedimento -"pobres, pero honrados"- a lo sumo limitación en gastos... Pero este es otro asunto como cualquier otro cuando se personaliza la norma social generalizada.

Su función principal es adscribir los hijos nacidos de la pareja al linaje que solamente esté establecido: patrilineal o matrilineal. En nuestro caso son válidos los dos: somos parientes por nacimiento de la parentela de nuestra madre y de la parentela de nuestro padre. En otras cultura no es así: matrilineal, o patrilineal. Nada más: o se es pariente de una linea, o se es pariente de la otra. Pero siempre será el único modo de legitimación de los hijos. Sólo los hijos así nacidos serán legítimos. Y sólo esos serán los hijos del hombre que los ha reconocido como tales. 

Por lo general, cuando el hombre contrae matrimonio su esposa se convierte en la nueva dueña de la casa. Será dueña y señora. Papeles que asumirá la mujer al casarse y que una vez adquiridos, ostentará como una bandera de su condición. Será libre para actuar como no pudo hacerlo de soltera. Pero estará sujeta a la autoridad de su esposo.



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