Impuesto sobre la vanidad

Josep Coll Bardolet



Ensalza Daviller la belleza y el encanto de la isla de Mallorca. Aunque de forma muy resumida, como un proyecto tan amplio requiere: un viaje por España junto con el grabador Gustave Doré en 1862, nos muestran ambos artistas retazos de aquella España, que ahora tanto nos sorprende y tanto deseamos conocer y, en ciertos aspectos -como la indumentaria, las joyas o los muebles- nos esforzamos por dar a conocer.
De aquel viaje y de sus observaciones responden ambos viajeros en esta obra que sin ambages ni títulos altisonantes llamaron: Viaje por España. Imprescindible conocer y estudiar para cualquier investigador; pues, aunque no es un trabajo etnográfico, y necesario al antropólogo es conocer las diferencias entre las impresiones de un viajero y una investigación etnográfica, creo que el conocimiento de estos dos volúmenes es, además de maravilloso y enriquecedor, necesario.
 De sus páginas extraigo el párrafo que da nombre a esta entrada y que, no con poca gracia, nos cuenta el barón Charles Daviller:
La catedral de Palma comenzada en el siglo XIII, no se terminó hasta el XVI. Las bóvedas están adornadas con escudos, donde aparecen pintadas las armas de las antiguas familias del país. Como faltaban los fondos para continuar los trabajos, el Cabildo tuvo la ingeniosa idea de hacer pagar a los nobles que quisieran tener sus armas en la catedral mil libras mallorquinas por la nave central y quinientas por las laterales; este impuesto sobre la vanidad, debió de ser bastante productivo.


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