Poder femenino



La subordinación femenina en las sociedades patriarcales es una  constante sociológica; sobre todo si atendemos a criterios estructurales. En estas sociedades las mujeres, como colectivo social, carecen del poder y de autoridad de los que gozan los hombres; pero, no obstante, si atendemos a la mujer como persona, como individuo, el asunto, ligeramente, cambia. Y cambia no sólo en virtud de determinadas leyes que pueden permitir el acceso de una mujer a cargos, hasta el más importante, el de mayor relieve en este sentido: reinar. Una mujer reina, no consorte del rey. Algunas ha habido y hay en nuestro ámbito cultural. Pero esto no debe confundirse con el poder de la mujer, que sin embargo, como colectivo social  se consideran una minoría, aunque cuantitativamente su grupo sea mayor que el masculino. La cuestión de base estriba en las distintas variables que en el juego del poder encontramos, más allá de una de ellas: el género.
Asistimos en la actualidad, y la mayor parte conocemos casos concretos, más o menos próximos, que me excusan de presentar ejemplos; cada lector puede pensar en ellos y elegir los que prefiera. 
Yo, por mi parte, recuerdo incluso de niña, cuando alguna de las compañeras de juegos le gustaba mucho mandar, dar órdenes y dirigir a todas las demás. Nunca me gustaron. Nunca las apodé de modo alguno, pero entre el grupo de juegos se las llamaba marimandonas, con tono y sentido despectivo. Adulta, me he encontrado con más de una de esta clase de personas: marimandonas y marimandones, que de ambos sexos existen individuos con este afán. Siguen sin gustarme.
Pero me gustan menos aún y temo más a los individuos que usan de argucias y tretas manipuladoras. Ellos y ellas, cada cual con las armas que su género le brinda, buscan el poder. Poco hace falta ahondar en el tema para averiguar cuando nos encontramos ante una de estas personas.

El poder femenino suele apoyarse en tretas sacadas del medio ambiente cultural que le rodea, sea antiguo o moderno. Usan la postura feminista en ocasiones, o la femenina tradicional cuando la ocasión lo requiere. En este sentido, el género se utiliza como herramienta, como arma, para lograr aspiraciones personales. Nada más. 
Y digo el género, como digo seguir temas que se ponen de moda: asociaciones protectoras de animales, asociaciones pro derechos humanos, asociaciones para la defensa de la mujer... Asociaciones todas que estimo valientes y valiosas y en las que, con toda seguridad, militan personas sinceras y afanadas en el objetivo de la asociación, pero ya sabemos que, como en la vida misma, "de todo hay en la viña Señor".

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