La tradición


Zuloaga




La España profunda, la del llanto, la del dolor, la España "tradicional" coinciden en gran parte: las imágenes de las mujeres enlutadas, de los hombres sombríos, de las procesiones lúgubres, y de los Cristos "siempre por desenclavar" nos es familiar a los nacidos en el siglo XX, al menos en los tres primeros cuartos del siglo. Las Historia escrita está, y también vivida y sufrida por quién más y quién menos. 
El Progreso del siglo XIX pasó por encima de la tradición antigua, que no la eclipsó. 
Aquella España, llamada "España Negra", y la otra, la que llamaron la "España de Pandereta", siguieron su curso  a pesar del Progreso que quizás no las llegó o las llegó tarde.

Y ahora, pasado el siglo XX entero, ¿qué podemos decir de todo aquello que no hayamos leído a estas alturas y/o visto y vivido?
El siglo XX que nos trajo con sus adelantos la cura de enfermedades antes mortales, las nuevas tecnologías, las guerras mundiales... guardó en el fondo del mar las tradiciones que bien le pareció y resaltó otras cuando bien le vino.
Llegó hace más de un siglo el Progreso con sus exigencias y siguió la tradición con las suyas. La combinación resultante con sus cambios se notó antes o después hasta cubrir toda la geografía española; y aún así, viejas costumbres se mantienen y también viejos credos; aunque muchas de aquellas antiguas formas de vida, tan negra, se hayan reconvertido -como décadas atrás reconvirtieron la industria- para pasar a ser parte de la "pandereta" que vieron los antiguos viajeros. Eso es lo que veo cuando observo fiestas "reconvertidas",  que ya nada o poco tienen de su sentido antiguo, esa "antigüedad" a la que pretenden dar continuidad y que,  a mi entender,  ya no son lo que eran ni significan lo que significaron. Son una "cosa" nueva fabricada a base de retales de viejo cuño obedeciendo a nuevas necesidades, las actuales formas de las viejas costumbres y de los antiguos usos, para con todo ellos mezclado y revuelto crear nuevas identidades sociales.

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