Es cierto, lo ha dicho la tele.



aliexpress.com. Pablo-Picasso

En un artículo que titulé: “Las mujeres sin historia”, escribí:

La mujer, como género,  ha trabajado desde que el mundo es mundo. Las tareas de las que se ha ocupado, sobre todo dentro de la sociedad tradicional, no se han considerado trabajo por la sencilla razón de que no eran actividades ligadas, directamente, con el mercado de trabajo. Su actividad no se vendía ni se compraba, excepto en los casos de la servidumbre -tema que merece un estudio aparte-,  ellas no trabajaban. El trabajo, entendido como "actividad, empleo, u oficio que se realiza a cambio de un salario" no incluía las tareas asignadas a la mujer valoradas como "propias de su sexo". Las tareas "propias de las mujeres" se vuelven invisibles; se consideran una cualidad femenina y no un rol social adquirido por imposición de las normas sociales que así lo exigen.



En los tiempos actuales la mujer –como persona- ha visto ampliados esos cometidos que la sociedad le confiere. Y sin embargo asistimos a hechos criminales a menudo en los que la mujer resulta la víctima: pierde a sus hijos, o pierde la dignidad, o pierde la vida.

Ayer oí en un programa de la televisión los resultados de un sondeo entre hombres muy jóvenes: la mayoría veía con buenos ojos la dominación masculina y sus consecuencias terribles para todos, para ellos también –aunque no se lo crean.

¿Qué ha ocurrido? ¿Qué está ocurriendo?

¿Dónde y por quiénes han sido educados esos retoños que así opinan? La situación a mí me preocupa y lo que es peor, me alarma y me crea impotencia. Tantos son los que así opinan que me da miedo y también vergüenza de haber estado en manos de unos poderosos que esto han permitido y, quizás, favorecido. ¿O acaso los educadores que educaron a esos jóvenes no lo pudieron prever cuando les preparaban para ser adultos de pro? Quizás no, pero yo lo dudo.

En una ocasión escuchaba a varias madres jóvenes. Opinaban sobre la mejor educación para dar a sus hijos. Las más modernas y sabiondas de la manada apoyaban la educación para “ser competitivos” y, peor aún, mientras ellas –mujeres- aspiraban a ocupar puestos de trabajo altamente remunerados y de alto prestigio social,  no dudaban en apoyar la idea de la superioridad masculina y se jactaban del nivel profesional de sus esposos. Esposos que apoyaban a sus esposas en sus altos puestos valieran para ocuparlo o no. Es triste, pero cierto.  


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