Ibiza, quién te ha visto y quién te ve...

Laureano Barrau Buñol

Debo agradecer al archiduque de Austria, Luis Salvador de Habsburgo-Lorena, su obra Die Balearen. He podido ver las islas a través de sus ojos escrutadores.
Me dejo llevar en la lectura por su narración y de tanto en tanto algo me arranca una sonrisa o una pequeña exclamación. Así me ocurrió cuando leí el modo de peinarse de las ibicencas, o de fabricar sus largas faldas con tablas: Llevan una trenza... y yo veía a las payesas que he conocido vestidas con sus largas faldas de tablas más desdibujadas que las de las jóvenes "vestidas de ibicenca",  peinadas con una larga trenza sin recoger, suelta sobre la espalda, cubierta la cabeza con un pañuelo de pico negro.  Eran ellas de edad avanzada, en esos años 70-80, las jóvenes hijas ya habían abandonado esa forma de vestir y de peinarse. Y a ese recuerdo uní otro muy reciente, actual: la parte inferior del pelo teñido de rubio. Dice el archiduque:

(...) trozos de trenzas postizas, unidas al extremo de la natural, teñidas de rubio rojizo con un lazo amarillo (...)  pañuelo azul.

La gunella, severa pieza con pliegues a lo largo (...) los pliegues los hacen las payesas mojando la tela y prensándola con una piedra, dejándola secar al sol o simplemente al aire libre.

Tocado rojo escarlata bordeado de negro en verano (...) las ancianas  también en invierno....

Los pescadores (...) casta completamente diferente a la del campo (...) estamento más alto que el campesino (...) viven en la ciudad... 

Y así frase tras frase, apartado tras apartado redescubro una isla que no es la que yo conocí, aunque se le parece mucho.

No hay pozos artesanos apenas. Es cara la excavación y en Ibiza escasean los grandes capitales 
La noria sólo saca agua poco profunda...

Cuenta don Luis la belleza de sus casitas blancas, aisladas, las de payés. La vivienda de los pescadores, en la ciudad junto al puerto. El color verde-azulado de sus olivos, los caminos de herradura como el que unía Ibiza ciudad con las Salinas, trayecto que podía hacerse en dos horas a lomos de una mula, o quizás andando... Y andando podemos recorrer hoy la isla y disfrutar menos de sus olivos y de su tranquilidad, pero... Ahí está.

De todo aquello poco queda, o nada. Algo "rescatado" para solaz de turistas y negocios de negociantes. Son otros tiempos, no cabe duda.





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