La eterna juventud...

Fuente de la eterna juventud. El Bosco
Leer a los antiguos es cosa que enseña, como decía mi abuela, más de lo que los jóvenes podéis imaginar. Otros dicen que ya está todo dicho. Pero a mi me parece que dicho o no, conviene repasar y releer, que siempre se aprende algo nuevo.
Así me ha ocurrido a mi cuando en El jardín de flores curiosas, me enteré de la longevidad  de algunas personas.
Citan las crónicas casos de personas tan longevas que, como si renaciesen de sí mismas, volvían a la juventud después de alcanzada la vejez.
El autor de tan singulares casos, que decía ser ciertos y que así lo habían contado fuentes dignas de respeto, escribió también sobre la gran dificultad de creerlo y más aún de verlo. Pero, él contarlo, lo cuenta y de su escrito extraigo algunas líneas dignas de admiración y no menos de sorpresa.

Hernán López de Castañeda cuenta que allá en la India en el año de quinientos treinta y seis  había un hombre de trescientos y cuarenta años (...) Había rejuvenecido cuatro veces, quitándosele las canas y  arrugas y naciéndole de nuevo dientes y muelas (...) Había sido este hombre gentil en su juventud, y después se había vuelto moro (...) y afirmaba haber tenido en veces casi setecientas mujeres, de las cuales, unas se le habían muerto y otras había repudiado.

Otros hombres había, que no fue el único, según cuenta el cronista.  Uno, moro que por la severidad y abstinencia que mantenía los demás le reputaban de santo y como tal le trataban. Otro un hombre que llegado a los cien años rejuveneció pero cuando llegó a cumplir más de  cincuenta años,  envejeció tanto que parecía estar hecho de raíces de árboles.


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