Marta la mala


El pecado, Julio Romero de Torres


Marta, la mala que no la santa, representa en el contexto de la hechicería femenina una entidad sagrada de primer orden. Oraciones para rogar su ayuda se conservan en registros escritos y en la memoria. La oración, con variantes es bastante conocida:

Marta, Marta,
la mala digo que no la santa,
la que descasas casados,
la que juntas amancebados,
por los montes Toroços entrastis,
a la brava serpiente aplastastis,
por Belcebú,
por Barrabás,
que me traigais a X...,
que no pueda parar hasta que me venga a buscar.

Marta, Marta,
no la digna ni la santa,
la que juntas los amancebados,
la que andas de noche por las encutrilladas,
yo te conjuro,
con tal y tal demonio,
y con el la carnicería,
que me traigáis a N..., más ayna 
o que me des hombre que hable,
o perro que ladre.

Marta, nâo á dina
nem á sancta
seano aquella
que o peccado encanta.

Marta, Marta,
a la mala digo que no a la santa,
a la que por los aires andas,
a la que se encadenó y por ella nuestro padre Adán pecó,
y todos pecamos,
al demonio del poio,
y al del repoio,
al del repeso,
y al que suelta el preso,
al que acompaña al ahorcado,
al diablo cojuelo,
al del rastro,
y al dela carnicería,
que todos juntos os juntéis,
y en el coraçon de H... entréis,
o guerra a sangre y fuego le deis,
que no pueda parar
hasta que me venga a buscar-
Demonio cojuelo,
tráemele luego,
demonio del peso, tráemele preso.

De la lectura de estas invocaciones se deduce que, aparte de su similitud, el objetivo es el mismo; y la clientela, se encuadra en el mismo género.

El dato importa tanto como importa el comportamiento sexual femenino y/o el masculino desde la óptica de la moral y de las buenas costumbres, desde la legalidad religiosa,  social  cultural que se crea y se mantiene en una comunidad humana en cada época y lugar. Y, haya hombres en el asunto metidos o no -más como clientes- parece, por lo que a la vox populi toca, que ellos en esto de las hechiceras no entrasen

En la nuestra está bien claro que no rigen las mismas normas -ni ha regido nunca desde que tenemos noticias- para los hombres y para las mujeres.
En ella se trata de amores, de maternidades, de temas afines y relacionados. Que pueden -como todos los temas -tratar el lado oscuro, el prohibido; o el lado legal, el bueno-.

Ocurre, no obstante, que en lo referente al asunto que tratamos, las oraciones se dirigen a una divinidad poderosa. Un ser sagrado femenino. Y se le puede dirigir la palabra como: Marta; o como Santa Marta -en ciertos lugares lo llaman: Oración de Santa Marta-. Se mezclan a lo largo de la oración  a Satanás, con Belcebú, con el demonio Cojuelo, con el de la Carnicería -estos dos últimos parece que han tenido mucho que ver con los amoríos en la Historia-, con la Virgen María, con el agua bendita, con las iglesias catedrales, con los libros misales, con María de Padilla...
Mezclan santos con no santos, y todos juntos y revueltos se unen en la misma plegaria.
Juntos y revueltos para las mentes acostumbradas a discernir entre los santos y los no santos, los seres sagrados buenos y los malos, y a encuadrar a nombres e identidades concretas dentro de cada apartado. Tal vez no todo ni todas las que usaran de ellas lo tuviesen tan claro -y digo todos y todas, porque aquellos también recurrían a las artes mágicas cuando buscaban una mujer con intenciones poco santas, a pesar de que suenan menos-.
Y todo esto a pesar de estar extendida, popularmente, la idea de que santa Marta ayuda en los partos, protege a las mujeres, y les ayuda también con los novios, amantes y maridos. O eso dicen.

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